No seas víctima inofensiva – La serpiente budista


CUENTO: La serpiente budista


FUENTES:


Tradición budista

La no-violencia

El sabio y la serpiente. Fábula sobre la necesidad de defendernos para niños

Why do bad things happen to good people? & how to get rid of it. Buddha's monk and snake story.


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cuando la culpa es de la víctima


OTRAS FUENTES


La información sobre defensa personal contenida en este episodio está tomada y adaptada de la maravillosísima obra de Marc “Animal” MacYoung, cuyo sitio web es No Nonsense Self Defense me ha salvado la vida (literalmente) en numerosas ocasiones.

Información completa y original sobre la pirámide de protección personal se puede encontrar en inglés en el libro Pyramid of Personal Safety A continuación encontrarás una adaptación propia al español.


PIRÁMIDE DE PROTECCIÓN PERSONAL


¿Cómo marchar mil millas y ganar la batalla?
Haciendo que las marche el enemigo.


Pirámide de Protección Personal


No hay que vivir con miedo del crimen y la violencia. Pero sí hay que tomar precauciones razonables. Y al hacer esto, habrás logrado que la mayoría de los criminales no te elijan como su víctima.

La razón es muy sencilla: hay miles de otras personas que son blancos más fáciles y más seguros. Entre más difícil sea para el criminal victimizarte, más probablemente se irá a victimizar a alguien más. No harás que el criminal deje de ser criminal, pero sí harás que no te escoja a ti como víctima.

Teniendo esto en cuenta, la protección personal se puede ver como una pirámide. Cada nivel no solo incrementa tu seguridad, sino que también se construye sobre el nivel anterior para crear un todo cohesivo y consistente. De esta forma tienes una estructura sólida y no un amalgama de “haz tal cosa en tal situación, y tal otra en tal otra”. Semejante estrategia fragmentada requiere muchísimo trabajo, inconveniencia, y a menudo alterar tu estilo de vida de forma drástica. Y lo peor es que aún deja baches desprotegidos donde te pueden atacar. La pirámide está diseñada para operar junto con tu estilo de vida, mas no cambiarlo.

Pirámide de protección personal

Cada nivel te proteje más. Crea una red consistente que opera simultáneamente en varios frentes. Lo que detenga a un apartamentero también logrará frenar a un stalker o un break-in rapist. Lo que detenga a un atracador también frenará a un violador en serie o a un secuestrador. Esta consistencia cierra las brechas que deja un acercamiento fragmentado: brechas por las cuales el crimen y la violencia pueden entrar a tu vida.

Aunque parezca mucho trabajo, este sistema es realmente fácil y sencillo. Una vez esté armado no requiere más de un minuto al día para asegurar tu seguridad personal. Y sí, es un minuto nada más, y ni siquiera todo a la vez. Segmentos de solo 5 segundos que en su conjunto no suman más de un minuto diario. Adicionalmente, aunque la pirámide funciona mejor cuando todos los niveles están involucrados, solamente los primeros cuatro niveles te protegerán de la mayoría de crímenes.

La base de la pirámide es el conocimiento y la comprensión. Esto significa conocer cómo piensan los criminales y las personas violentas y qué necesitan para poder tener éxito. No son buenas personas que se volvieron malas, son malas personas que se volvieron peor. También hay que entender qué cosas pueden provocar violencia, qué es la violencia realmente, y que tiene muchos niveles diferentes. Sin esta comprensión fundamental, no puede haber cohesión en lo que hagas para protegerte a ti y a tu propiedad.

Los hábitos son las acciones repetitivas que haces a diario en pro de tu seguridad. Son cosas sencillas que haces siempre que reducen significativamente la probabilidad de que un criminal te elija a ti o a tu propiedad como su objetivo.

Pueden ser cosas como echarle llave a las puertas y ventanas, cerrar las persianas cuando estás por fuera, nunca dejar encendida la moto, no dejar cosas de valor a la vista en el auto, o echar un vistazo alrededor antes de ingresar a una zona gris. Tales hábitos no son difíciles de adquirir, y con una semana o dos se vuelven automáticos.

Son efectivos porque le complican las cosas al criminal. Además, te dan aviso temprano de que algo anda mal. Esto es fundamental para evitar que el criminal desarrolle su estrategia sin ser detectado y sin enfrentar resistencia.

La observación es una combinación de hábitos + conocimiento. El conocimiento consistiría en saber dónde se ubicaría un atracador para poder elegir sus víctimas sin ser detectado por ellas o por personal de seguridad. El hábito consiste en mirar si hay alguien ubicado en ese sitio antes de ingresar a la zona. Si ves y reconoces señales de peligro, date la vuelta y regresa por donde viniste: no te metas a la boca del lobo.

Tenemos un dicho: “Observación sin conocimiento = paranoia”. La combinación de saber qué cosas realmente forman parte del proceso del crimen, qué significa esto u lo otro, junto con la alerta temprana que te darán los buenos hábitos te llenarán de tranquilidad y confianza. Es como conducir un auto: si prestas atención y recuerdas hacer lo que ya sabes, con facilidad podrás evitar la mayoría de los accidentes y problemas. Sin embargo, cuando se te olvidan esas cosas o te distraes con otras es que se te estrella el carro y tú te lastimas.

El posicionamiento consiste en saber dónde no quieres estar. Hay posiciones en las que un atacante te puede atacar exitosamente. (Y seguro lo hará). Si él y sus secuaces pueden lograr ubicarse en esas posiciones, tendrás una oportunidad casi nula de defenderte con eficacia. A menos que estés dispuesto a ejercer violencia física extrema, no permitas que las cosas lleguen hasta aquí. El posicionamiento es un juego de estrategia. La mente criminal trata de ubicarte donde él te quiere, y tú procuras no dejarte.

La cosa es que este juego es muy real y muy peligroso. Sin embargo, desde la superficie no es evidente. Nosotros le llamamos “el baile de sombras”. Esto quiere decir que todos saben lo que realmente está pasando, pero nadie lo reconoce abiertamente. Las embajadas son un ejemplo perfecto del baile de sombras. En la superficie se supone que están allí por relaciones diplomáticas, comercio, y para ayudarle a sus ciudadanos que estén de viaje. Pero uno de sus propósitos centrales es el espionaje, tanto espiar al otro como prevenir que el otro los espíe a ellos. Y aunque todos, desde el embajador mismo hasta la secretaria más insignificante están metidos en esto, nadie lo habla ni admite que sucede. Lo que está pasando no es inocente, pero está escondido detrás de una fachada.

Los criminales juegan al baile de sombras todo el tiempo. Fingen hacer otra cosa. Si desde un principio revelan sus intenciones, su “presa” escapará o tendrá tiempo para defenderse. Por lo tanto el criminal intenta ocultar sus verdaderas intenciones hasta que sea demasiado tarde. Sin embargo, este subterfugio puede usarse en su contra.

Mientras ellos discretamente intentan ubicarte donde les favorece, tú igual de discretamente te escabulles. Qué pueden hacer, ¿decirte que te quedes quieto para que te puedan robar? Los criminales casi siempre cuentan con que su víctima no se entere de lo que está pasando hasta que saquen el arma (y ya para ese entonces será demasiado tarde). Pero si sabes qué necesita el criminal y no le permites armarlo, te proteges sin tener que recurrir a la violencia.

Conocer tus límites y tu valía personal es fundamental para no convertirte en víctima del crimen o la violencia. Incluso si ya decidiste que no estás dispuesto a utilizar la violencia física para defenderte, hasta este punto la pirámide te sigue sirviendo. Sin embargo, es importante entender que no importa cuál sea tu decisión con respecto a la defensa personal física para protegerte, que en este punto has llegado a una encrucijada. Una encrucijada que requiere de preparación mental para navegar.

Aparte de las implicaciones obvias, cuando decimos conocer tus límites y tu valía personal estamos incluyendo el saber cómo piensas, la diferencia entre la agresividad y la asertividad, y cómo de estás haciendo percibir.

En cuanto a valía personal, es un compromiso contigo mismo. Es saber que ni tú ni tus seres queridos pueden darse el lujo de que te victimicen. También implica saber cuándo estás justificado en decirle a alguien, “¡Lárgate!”, y de igual importancia, ¡saber cuándo parar! Lo cual nos trae al tema de los límites.

Cuando estés lidiando con un agresor potencial, tienes que recordar que te estás enfrentando a una persona completamente ensimismada y egoísta que no le molesta usar la violencia para obtener lo que quiere. Lo que menos quieres hacer es dejarte llevar por el miedo o la rabia, o invadir su espacio. Cualquiera de estas cosas lo va a provocar. Si lo haces, es más probable que él se vuelva violento. Si no sabes dónde parar, podrás provocar una situación que se pudo haber resuelto sin violencia.

De igual manera no puedes esconderte tras “pacifismo” si eres violento verbalmente.

Establecer límites verbalmente es comunicación. Es dejarle saber a un potencial agresor que sabes lo que está pasando y estás dispuesto a hacer lo que sea necesario para protegerte.

Esto no es bravuconería ni amenazar. Es comunicar claramente el mensaje de: “de mi casa te vas”. Y que si no lo hace, habrá consecuencias desagradables. Esto es ser asertivo, no agresivo. Estás haciendo lo necesario para te deje en paz, no lo estás persiguiendo. Antes de hablar, tienes que saber hasta qué punto estás dispuesto a llegar.

La defensa física es la última instancia. Si llega a este punto atravesando todos los demás niveles, es porque ha sido forzado hasta aquí. Estás justificado en hacer lo que sea para detenerlo. Algunas personas eligen no emplear la fuerza física ni para defenderse. Otros no tienen problemas con eso. Cualquiera de las dos elecciones conlleva su responsabilidad. La defensa personal no es pelear: es evitar que te lastimen. No se trata de ser valiente. No tiene que ser estudiar artes marciales ni comprar un arma. Es hacer lo que tengas que hacer para que NO te lastimen, violen, roben o maten. Y lidiar con las autoridades y las consecuencias sicológicas después.

Sabiendo que la protección personal involucra todas estas cosas, queremos que reflexiones sobre el dicho al principio de la página. El que dice que hay que poner al enemigo a marchar las mil millas. En esencia, la pirámide de protección personal hace que alguien más tenga que hacer todo tipo de esfuerzos para poderte atacar. No solamente será difícil lograrlo (y por lo tanto tendrá más sentido mejor ir a atacar a alguien más) sino que también te da un montón de advertencia para que te prepares mentalmente para lo que tendrás que hacer para estar seguro. La mejor forma de protegerte es convencer al enemigo que no vale la pena marchar mil millas y arriesgarse a una batalla que podrá perder.